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SOLIDARIDAD

Una guitarra con mucha historia 'salva' el corazón de una refugiada ucraniana que vive en Calatayud

La solidaridad de una joven ha permitido que María, de 22 años, siga su formación en la escuela municipal. Prefiere mantener su anonimato, aunque le ha entregado una carta deseándole que disfrute de sus cuerdas

CRISTINA ADÁN /
La psicóloga de Calatayud (de blanco) hace entrega de la guitarra a María, la joven ucraniana.
icono foto La psicóloga de Calatayud (de blanco) hace entrega de la guitarra a María, la joven ucraniana.

La música puede convertirse en una terapia y el de María es un claro ejemplo de ello. Una guitarra con mucha historia ha 'salvado' emocionalmente a esta joven ucraniana de 22 años que trata de rehacer su vida en Calatayud tras el duro golpe de abandonar su país como consecuencia de la guerra

María dejó la ciudad de Zaporozhye junto a sus padres y emprendió un largo y complicado viaje en coche con el que cruzaron Polonia, Alemania y Francia hasta que llegaron a Zaragoza, donde unos amigos les ayudaron a encontrar el centro que les enviaba a Calatayud. "No sabíamos a dónde íbamos, simplemente los seguíamos", cuenta María, que se muestra muy agradecida con la acogida que tuvieron ella y su familia en la ciudad bilbilitana, donde residen en el albergue municipal de Claretianos. 

La fotografía y el dibujo se han convertido en algunos de los principales pasatiempos de María desde que está en España. "La música es algo que siempre me ha salvado", desvela, porque asegura que esto era algo que hasta ahora solo sabían las personas cercanas a ella. Por eso, decidió apuntarse a la escuela de música de Calatayud para retomar las clases de guitarra. El personal técnico de Servicios Sociales del Consistorio bilbilitano que le apoyan en su integración fueron fundamentales para que ella pudiera conseguir el instrumento. 

Hicieron un llamamiento a través de varios grupos de amistades y, enseguida, la solidaridad se puso de su lado. No pasó ni una hora cuando se consiguió la guitarra. Marta, la propietaria de la guitarra, que prefiere mantener su anonimato, tenía una de los años setenta que sus abuelos regalaron a su padre y que ella empezó a tocar cuando tenía 8 años.

Además del instrumento, la propietaria decidió enviarle una carta a María en la que le explicaba parte de la historia de este. En la misiva también le deseaba: "Nunca fui una gran música pero la guitarra me permitió disfrutar de momentos maravillosos y deseo que esas maravillas te lleguen a ti también. ¡Disfrútala muchísimo". 

Fue así como María se unió a las clases de guitarra en la escuela municipal, donde las notas musicales han roto las barreras del idioma. "Cuando escuché la conmovedora historia de esta guitarra, entendí qué valor se le confiaba a mis manos y con qué gusto la tocaría y cuidaría", cuenta María ayudada por una aplicación de móvil con la que traduce su ucraniano a español. 

María y su familia siguen muy de cerca las terribles noticias que llegan de su país, mientras tratan de empezar una nueva vida. "Mi familia y yo queremos y podemos ser útiles para la población local y la economía. Esperamos encontrar trabajo lo antes posible", cuenta la joven ucraniana, a quien le gustaría estudiar psicología para poder ayudar a la sociedad después de que la guerra también truncara su formación. 

"Agradezco sinceramente a todos los vecinos de Calatayud y Zaragoza que ayudaron y siguen ayudando a mi familia y a mis compatriotas", cuenta. 

Casi cuarenta refugiados ucranianos en el albergue municipal

El pasado 22 de marzo llegaron los primeros refugiados ucranianos al albergue municipal de Claretianos de Calatayud. La instalación ya ha acogido a 38 personas, en su mayoría mujeres y niños, que han llegado huyendo de la guerra de su país. El Ayuntamiento bilbilitano ha cedido su albergue a la ONG Accem, que gestiona la acogida de refugiados en España. Previsiblemente y según marca la ONG, estas instalaciones alcanzarán las 40 plazas ocupadas.

Desde el Ayuntamiento iniciaron el proceso de integración de los nuevos vecinos facilitando la solicitud de los permisos de asilo, tarjetas sanitarias, empadronamientos, matriculaciones en colegios, escuela de música... Además, han comenzado las clases de español gracias a la implicación de un grupo de voluntarios. 

Tanto el área responsable de la acogida, Participación Ciudadana, como el personal técnico de Servicios Sociales (trabajadora social, educadora, psicóloga…), el arquitecto técnico municipal, la Policía Local y el apoyo de entidades como Cruz Roja y Cáritas están trabajando en esta primera fase de integración de los refugiados. Además, los vecinos de la localidad han mostrado su solidaridad y apoyo al pueblo ucraniano. Por su parte, Accem, para dar soporte al grupo de recién llegados, contrató la pasada semana a un integrador social y una traductora.