HUMEDALES PROTEGIDOS

Las salinetas de Bujaraloz y Sástago exhiben su atractivo natural

El espacio monegrino sustituye la actividad extractora de antaño por el turismo y el rodaje de anuncios

ARAGÓN NOTICIAS /
icono foto Imagen de la principal salineta de Sástago.

Las saladas zaragozanas de Sástago y Bujaraloz, en los Monegros, integradas desde 2011 en la lista Ramsar de protección de los humedales de importancia internacional, han mudado de un tiempo a esta parte la estampa de los antiguos salineros provistos de capazos y aperos por la imagen recurrente de los turistas curiosos y la visita puntual de los equipos de rodaje de anuncios exclusivos.   

Allí donde el tesoro era el compuesto de color blanco, que en época de los romanos ya se apreciaba y explotaba, ahora lo que se aprecia y protege es el paisaje, objeto de deseo de grandes marcas como Vogue Portugal y Jaguar por la brutal sensación de vacío e inmensidad de los Monegros, y también el ecosistema que habita los 26 humedales protegidos.

"Desde el Ayuntamiento de Bujaraloz queremos poner este espacio en valor, porque tiene un paisaje y un ecosistema singulares y únicos, podemos decir en toda España", presume su alcalde Darío Villagrasa. El también diputado de las Cortes de Aragón comenta que su consistorio tratará aprovechar el tirón de la zona "potenciando el turismo y también los rodajes cinematográficos", un nicho para el que ya han desarrollado su propia normativa para la llegada de equipos de grabación. 

Una vida marcada por la sal 

El devenir de pueblos como Sástago y Bujaraloz estuvo claramente determinado por la existencia del elemento salino y a lo largo de su historia fue motivo de tanto de su prosperidad como de enconadas disputas por el bien, antaño tan preciado. Al menos hasta los años 70 del pasado siglo, momento del definitivo declive del negocio.

"Veníamos no más comer, a las tres de la tarde, porque es cuando más calor hace siempre y es cuando la sal es de mayor calidad. Ángel Used recuerda cómo sacaba sal. La suya fue una de la doce familias que tras la guerra siguieron extrayendo de la salineta de Bujaraloz. "Se ponían dos dedicos de agua ahí, 20 metros adentro, y cogías un corro con una rasqueta e ibas haciendo montoncicos de 50 o 60 kilos. Y, cuando se escurría un poco el agua, la sacabas a la orilla. A lo mejor nosotros llenábamos para mi tío allí 2.000 o 2.500 kilos. Luego, para casa a venderla o cambiarla por fruta en los pueblos del Cinca", recuerda ahora sobre el terreno. 

Los bujaralocinos tenían ya privilegio real de Jaime I para autoabastecerse de su salina, ya que el control de las saladas lo tenía el conde de Sástago. Hasta que, en 1709, Felipe V se apropió de todas las salinas para el Estado. El rey ostentaba, así, el monopolio en la extracción, la distribución y la venta de la sal. Y, con el fin de proteger las nuevas propiedades estatales y el conocido como estanco de sal, en vigor hasta 1870, se ordenó levantar cuarteles de fusileros, algunas de cuyas ruinas todavía hoy  permanecen en pie.