ENCUENTRO DIGITAL

Clara Jiménez: "La educación es la 'vacuna' contra la desinformación"

La cofundadora de 'Maldita.es' y el periodista Carlos Hernández, explican su nueva sección sobre tecnología en Aragón Radio, en un nuevo encuentro digital

J. SAN MARTÍN /
icono foto Carlos Hernández, Clara Jiménez, de 'Maldita.es', y Jorge San Martín, antes de comenzar el encuentro digital.

La cofundadora y directora de Maldita.es, Clara Jiménez Cruz, y el coordinador de Políticas Públicas de la plataforma, Carlos Hernández-Echevarría, respondieron en directo a las preguntas de los espectadores en un encuentro digital, en el Twitch de Aragón Radio y el canal de streaming de Aragón Noticias.

¿Qué nos vamos a encontrar en 'Maldita tecnología', la nueva sección de Aragón Radio?

C.J: Estaremos en el programa 'Nunca es tarde', a partir de las 21:30 h. con Alberto Guardiola, el equipo de 'Maldita Tecnología' trayendo los distintos temas cada día para hablar de cómo nos afecta la tecnología en la vida real. Todos tenemos muy claro que el móvil y el ordenador nos simplifican la vida, pero también es verdad que muchas de las cosas que hacemos con esa tecnología nos afectan directamente sin que nos demos cuenta: la privacidad, nuestros datos, cómo consumimos, a qué hora abrimos Twitter para enterarnos de, no está muy claro qué, porque nuestro cerebro se ha acostumbrado a eso y tenemos que reeducarle para salir...

C.H: Otra de las cosas que queremos hacer es lo mismo que está pasando ahora mismo aquí: que la gente nos mande sus preguntas y, una vez abierta esa puerta, es buenísimo porque las personas te cuentan lo que les interesa de verdad. Y te sorprendes un montón de lo que te dicen. Desde: "¿Es verdad que me puede caer un rayo si voy hablando por teléfono durante una tormenta?", hasta cosas sobre datos y privacidad: "¿Si cambio de un ordenador a otro me sale un precio diferente?, ¿cómo sabe el ordenador lo interesado que estoy en esas vacaciones en Tenerife?, ¿por qué los martes es más barato comprar billetes de avión?". Son cosas parecen inexplicables pero, nosotros, que somos listos pero no tanto, lo que hacemos es hablar con la gente que es lista de verdad y que nos de respuestas, eso sí, al estilo 'Maldita', con todo perfectamente verificado.

¿El desconocido y temido algoritmo nos condiciona en nuestro día a día?

C.J: Hablamos del algoritmo como si tuviese identidad propia... Y no. El algoritmo es una función matemática, prácticamente. Por simplificarlo mucho, es una receta de cocina. "Si tú quieres llegar a esto, tienes que echar un poquito de esto y otro poquito de esto." Es lo que le dice el algoritmo a los ordenadores para hacer automáticamente determinadas operaciones que nos dan determinadas cosas. Y es verdad que están en todas partes. Cuando buscas en Google, abres las redes sociales o miras a ver cuántos pasos has caminado en ese reloj que te regalaron por Navidad... Están en todas partes, y no debemos tenerles miedo. Con esto de la tecnología, se corre mucho el riesgo de ser lo que, en mi casa, se llama  un 'asustaviejas'. Y no queremos eso. La tecnología es estupenda. Nos ayuda y nos simplifica la vida, pero hay que entenderla para poder decidir lo que quieres hacer con ella.

C.H: Queremos educar en esto para no tener miedo y para evitar que nos la cuelen en otras cosas. El algoritmo lo escribe alguien con un fundamento y lo hace por algo. Echarle la culpa al algoritmo es, a veces, algo muy gratuito, y hay que pensar quién puso allí ese algoritmo y qué intención tenía.

¿Qué es el 'tecnoestrés' y cómo nos afecta?

C.J: La realidad es que estamos todos un poquito enganchados a la tecnología y tenemos que ser conscientes de ello. Y eso nos genera 'tecnoestrés'. Tenemos que aprender a trabajar con él y, sobre todo, a autolimitarnos. Yo sé que es muy complicado, soy la primera que vive con el móvil en la mano 24 horas al día, pero tenemos que aprender a delimitar en qué horario usamos el móvil y para qué lo utilizamos. Y, luego, quitarnos algunas cosas que hacemos todos, como mirar el móvil y las redes sociales antes de meternos en la cama. Eso es terrible porque, nuestro cerebro, en vez de prepararse para dormir, que es lo que necesita, se prepara para despertarse y consumir más.

¿Somos conscientes de lo que implica compartir nuestros datos?

C.H: Sobre todo, si lo vas a hacer, que tengas claro qué están haciendo con tus datos, cuánto te estás dejando allí de quién eres y quién sabe exactamente lo que haces. Tú no vas por la calle con un megáfono gritando: "¡Mañana me voy de vacaciones, me voy a Benidorm, no voy a estar en casa!"... Jamás harías eso, es una llamada a que te roben. Sin embargo, lo hacemos todos constantemente. No existe esa falsa frontera de la vida online y la vida real.

¿Los bulos son un problema grave en estos momentos?

C.J: Gravísimo, sin lugar a dudas. Además, nos hemos hecho mucho más conscientes a raíz de la pandemia y de ver la cantidad de desinformación que circula por las redes que, en general, en una situación de crisis en la que no hay respuestas y concisas que dar, todavía se fomentan más las falsas teorías. Si nos paramos un momento a pensarlo, afectan a cualquier ámbito de nuestra vida. Los bulos y la desinformación pueden decidir a quién votamos, sí, pero también, qué marca de leche compramos y cuál no... Decisiones que tomamos en nuestro día a día, hasta las más pequeñas, que pueden estar influenciadas por los bulos.

C.H: Hay bulos que pueden costar vidas o el sueldo que alguien lleva a casa. Recuerdo, antes de la pandemia, un bulo que se empezó a mover en un municipio de España diciendo que la mujer de una persona que tenía un negocio, estaba contagiada de coronavirus. Se empezó a desarrollar un boicot y eso supone una familia que se arruina. Los bulos relacionados con temas sanitarias pueden tener consecuencias muy serias, puede ser la diferencia entre curarte y no curarte. Me parece uno de los grandes problemas de nuestro tiempo.

C.J: La pandemia ha favorecido que se polarice más la opinión pública en temas relacionados con la política, pero también en posicionamientos vitales. Eso es problemático porque la polarización y la desinformación forman una pescadilla que se mueve la cola constantemente y se retroalimentan.

¿Vuestra 'maldita hemeroteca' está teniendo mucho trabajo con la pandemia?

C.J: Hemos aprendido mucho de la pandemia, también los verificadores, como a leer de otra manera la ciencia, a ver que hay determinadas verdades que son variables y a ser mucho más cautos.

C.H: Menos categóricos. Porque, el mejor conocimiento científico de hace unos meses, luego, deja de serlo. En estas cuestiones, con un virus desconocido, hemos aprendido todos a no hacer burla de la persona que duda de algo, porque es un tema muy complicado.

¿Cómo nació el proyecto 'Maldita'?

C.J: Julio Montes, el cofundador de 'Maldita', y yo, estábamos una noche de cervezas, que, a veces, es como vienen las ideas, y se nos ocurrió crear una cuenta en Twitter que se llamaba 'Maldita Hemeroteca' que nos servía para echarle en cara a los políticos las opiniones que habían cambiado sobre determinados temas. En aquella época, Julio trabajaba en 'Al Rojo Vivio' y yo en 'El Objetivo' (La Sexta) y empezamos a hacer la cuenta en secreto. Empezó a crecer mucho y, un día, yo estaba en la redacción y Ana Pastor preguntó: "¿Quién es 'Maldita Hemeroteca', que lo quiero traer al programa?". Yo pensé: "Vaya, qué lío". Se lo contamos y, a partir de ahí, abrimos un grupo de WhatsApp, empezamos a hacer colaboraciones con 'Eldiaro.es', la sección en 'El Objetivo', la sección en 'Julia en la Onda' de Onda Cero, y nos dieron el premio José Manuel Porquet, que fue lo que realmente nos hizo convencernos de que habíamos tenido una buena idea que iba más allá de una cuenta de Twitter. Luego, tuvimos otras ideas, como 'Maldito bulo', 'Maldita ciencia' y 'Maldito dato'. Literalmente, cuando sueñas muy fuerte sobre algo, no te queda más remedio que hacerlo.

¿Cuántas consultas podéis llegar a recibir en una semana?

C.J: Vamos a simplificarlo: 1.000 al día. Hemos creado una herramienta muy potente gracias a nuestro desarrollador que, es capaz de contestarte si nos mandas un WhatsApp con una consulta. Funciona muy bien, sobre todo, con las imágenes, vídeos y audios. Además, agrupa automáticamente por temas, así que sabemos qué se está viralizando y podemos decidir qué es lo que hay que desmentir antes, por eso somos tan rápidos.

C.H: Además, nos permite acceder a las redes privadas, que es donde empieza gran parte de la desinformación. Un WhatsApp entre familia y amigos, para cuando llega al periodista, ya se ha viralizado. Gracias a la gente que nos sigue y que nos manda aquello que le 'huele mal', tenemos esa ventanita abierta al mundo privado. A la gente le preocupan muchas más cosas de las que, a veces, pensamos en las redacciones.

¿Cuál es la 'vacuna' conta la desinformación?

C.J: La educación. Tenemos que incidir mucho más en la alfabetización mediática y en la cultura crítica. Pero no solo en los colegios e institutos, donde lo tenemos más o menos asumido. Tiene que llegar a otros niveles. Los mayores de 50 años son los que creen que más les afecta la desinformación. Hay una parte de la población que no es nativa digital y que es muy consciente de que la desinformación es un problema y que siente que no tiene herramientas para combatirla.

C.H: Les puede costar más ver, de primeras, que una imagen está retocada, por ejemplo. Esa alfabetización mediática se basa en adquirir unas capacidades para poder entender que no todo lo que llega por el móvil es cierto. Aunque me lo esté mandando mi hermana, que me quiere bien y no quiere hacerme daño, no tiene por qué ser necesariamente cierto. Allí es donde hay que crear una nueva conciencia, hay que aprender nuevos códigos.