SEGURIDAD VIAL

El móvil, detrás del 20% de los accidentes mortales

Las distracciones superan al exceso de velocidad y el consumo de alcohol, y están detrás de un tercio de los siniestros con víctimas mortales

ALBERTO RILLO /
icono foto Una persona hablando con su teléfono móvil mientras conduce. (Centro Zaragoza)

Las distracciones al volante se han convertido en el último lustro en la principal causa de los accidentes de tráfico mortales en España, hasta el punto de explicar un tercio del total de casos, por delante de otras infracciones dominantes en el pasado como el exceso de velocidad, el consumo de alcohol o no ponerse el cinturón de seguridad, y venidas ahora a menos por las campañas de vigilancia.

Este nuevo factor no ayuda, precisamente, al objetivo de seguir reduciendo la tasa de fallecidos por millón de habitantes en España, que en 2019 fue de 37 víctimas (en 2010 era de 53) y, en el atípico 2020 del estado de alarma, los confinamientos y los toques de queda, bajaron hasta los 29 (la tasa media europea es de 42).   

El cambio de tendencia se explica por el uso creciente del teléfono móvil mientras se conduce, una temeridad que, según señala la DGT, se da en más del 20% de los siniestros letales. Porque, pese a las consecuencias funestas, a los operativos de vigilancia y a las campañas institucionales llenas de consejos y advertencias, lo cierto es que el mal hábito sigue extendiéndose en un país que, por otra parte, es líder europeo en tiempo de consumo de teléfonos inteligentes, con casi tres horas y media de media al día, según un reciente estudio de Fly Research para la finlandesa HMD Global.

Ya en 2019, otro estudio de la Fundación Línea Directa y el Instituto Universitario de Investigación de Tránsito y Seguridad Vial de la Universidad de Valencia (INTRAS) apuntó que el uso del teléfono al volante ocasionaba 390 muertes al año en España. 

“Un acto suicida”

Y es que cada vez cuesta más despegarse de un terminal tan adictivo, convertido en extensión de uno mismo, capaz de informar y entretener, de realizar pagos y reservas, que permite comunicarse e interactuar con los demás y transmitir lo que ocurre alrededor. Pero tantas prestaciones al volante... “pueden ser una mezcla explosiva”, advierte Juan Luis de Miguel, director de investigación de Centro Zaragoza Instituto de Investigación sobre vehículos.

Y lo sustenta con datos: “A 120 kilómetros por hora en carretera, por ejemplo, se recorren más de 33 metros cada segundo. Solo con apartar la vista de la carretera durante tres segundos para contestar una llamada o marcar un número de teléfono, estaremos recorriendo 100 metros, casi la longitud de un campo de fútbol, sin mirar hacia delante. Esto supone un riesgo enorme, inasumible, si tomamos conciencia de ello”, afirma. 

La DGT advierte igualmente de que otras acciones más comunes y, en apariencia, más inocentes, como elegir un CD, mover el dial de la radio o encenderse un cigarrillo también interfieren de forma determinante en la atención del conductor y pueden ser el origen de una desgracia. 

Pero la temeridad suele ir más allá, especialmente entre los jóvenes. “Imaginemos, ahora, lo que supone enviar un mensaje de Whatsapp, o cualquier otra interacción con un smartphone, mientras estamos conduciendo. Si lo pensamos bien, es prácticamente un acto suicida”, lamenta. Los estudios realizados por Centro Zaragoza calculan que este comportamiento multiplica por 23 la probabilidad de sufrir un accidente al verse afectadas las cuatro formas de distracción existentes: la visual, la cognitiva, la manual y la auditiva.   

Atajar ese comportamiento tan peligroso es precisamente uno de los objetivos de la reforma de la Ley Tráfico, cuya aprobación está prevista para después del verano. El Proyecto de Ley de modificación, inmerso ahora mismo en el proceso de tramitación en la Comisión de Interior del Congreso de los Diputados tras recibir 148 enmiendas de los grupos, prevé agravar el castigo por esta conducta, que pasará de la pérdida de tres a seis puntos y mantendrá la actual multa de 200 euros. 

El tipo literal objeto de castigo, si la redacción se mantiene, será “utilizar, sujetando con la mano, dispositivos de telefonía móvil mientras se conduce”, lo que incluye incluso el hecho de que el terminal se encuentre apagado. La DGT recuerda para los despistados que también es sancionable manipular el teléfono mientras el vehículo se encuentre detenido en un semáforo en rojo o en un atasco. 

Sanción aun estando apagado 

La explicación para que no aumente la multa económica de 200 euros reside en que, en ese caso, la reforma legal debería ser de mayor calado por cuanto, este comportamiento, calificado como grave, pasaría a ser considerado como muy grave y se equipararía a la conducción temeraria, sancionada con 500 euros (y también seis puntos menos). 

Y, atención, porque la reforma también contempla sancionar con 200 euros y tres puntos menos por usar el teléfono móvil con manos libres o el navegador, si ello distrae al conductor. Así se desprende del punto 20 del anexo II del proyecto de reforma: “Conducir utilizando cualquier tipo de casco de audio o auricular conectado a aparatos receptores o reproductores de sonido u otros dispositivos que disminuyan la atención permanente a la conducción o utilizando manualmente navegadores o cualquier otro medio o sistema de comunicación, así como dispositivos de telefonía móvil en condiciones distintas a las previstas en el ordinal 8 (el referido a portar el teléfono en la mano). 

Captura de una infracción al volante. (DGT)

Y es que la distracción que produce el uso del teléfono móvil no se limita a la manipulación directa del aparato, como demostró hace ya una década el estudio realizado por Centro Zaragoza, sino que la propia conversación altera la concentración. “Los resultados fueron alarmantes, pues evidenciaban que, incluso utilizando un manos libres, el conductor luego no recordaba por dónde había pasado ni había prestado atención a las señales de tráfico”, recuerda De Miguel. La explicación, abunda el experto, se debe a que, aunque el conductor crea que va atento, la conversación, especialmente si es larga y conlleva una fuerte implicación emocional, le genera una importante merma de atención. 

Una circunstancia, la del accidente de tráfico con víctimas ocasionado por una distracción, cuyo esclarecimiento no tiene por qué quedar en una nebulosa inexplicable. “Si tras el examen las huellas, los restos y vestigios sobre la carretera, los daños en los vehículos y las declaraciones de los implicados y testigos, no se encuentra otra explicación al accidente que la distracción de uno de los conductores, se señala esta como la causa más probable”, explica De Miguel. Una práctica que, si los indicios lo muestran conveniente y previa autorización judicial, “puede confirmarse con la investigación del registro de llamadas inmediatamente antes del accidente”, apunta.  

El enemigo como aliado

Los avances tecnológicos no deben verse únicamente como una amenaza para la conducción segura, sino que pueden convertirse en el aliado perfecto para evitar las distracciones y sus consecuencias. De Miguel va más allá: “Bien diseñada y mejor utilizada, puede contribuir a reducir, hasta casi erradicar, en un futuro, los accidentes de tráfico debidos a la distracción de los conductores”.

 El experto de Centro Zaragoza alude a algunos de los sistemas avanzados de asistencia a la conducción ADAS, como el control de crucero adaptativo (ACC), el sistema de frenada de emergencia automática (AEB), que, según apunta, “ya están demostrando su eficacia en la reducción de accidentes de tráfico graves”, o, en el caso de accidentes menores, otros como la cámara de marcha atrás, con sensores de aparcamiento y frenado automático de emergencia, “que han reducido casi un 80% las pequeñas colisiones”. 


 AEB es un sistema que, en el caso de que el conductor no reaccione, frena el vehículo de forma automática e intensa ante un riesgo inminente de colisión frontal contra otro vehículo que está detenido o circula a menor velocidad por delante del nuestro. Esta innovación también puede contar con la posibilidad de detectar peatones y ciclistas, una prestación con la que, nuevamente en caso de que el conductor no se anticipe, desencadena una frenada automática e intensa ante el riesgo inminente de atropello de un peatón.


Además, Juan Luis de Miguel apunta que, si los sistemas de entretenimiento como pantallas y smartphones “estuvieran diseñados para no permitir su uso por el conductor con el vehículo en marcha”, algo que considera que, “tecnológicamente, no sería muy complejo ”, el salto en seguridad vial “podría ser enorme”, valora.   

De Miguel lamenta, sin embargo, la “lenta incorporación” de estas innovaciones en España debido al “sobreprecio” que suponen “y que la situación económica no ha ayudado”, reconoce. Algo que puede cambiar en 2022, cuando varios de estos ADAS deberán venir incluidos de serie en los vehículos de nueva homologación y desde 2024, obligatorios para todos los nuevos que a partir de entonces se matriculen.  

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