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DOS DÉCADAS DEL EURO

20 años sin saber lo que cuesta un duro

Pepe Guil, Fanny Marín y Paula Varela, de 89, 41 y 13 años, representan a diferentes generaciones que se reencuentran con la antigua moneda y relatan sus experiencias y sensaciones

C. ADÁN / L. SAAVEDRA /
icono foto Imagen de las antiguas monedas. / Foto: EP

Dos décadas después de que la antigua moneda española dejara de ser de curso legal en España y con euros en el bolsillo (o en la tarjeta de crédito o incluso el móvil), el recuerdo de la peseta sigue emocionando a unos -por los recuerdos que les invaden al verla-, y sorprendiendo a otros -quienes nunca la llegaron a utilizar-. Pepe Guil, Fanny Marín y Paula Varela, de 89, 41 y 13 años, respectivamente, representan a diferentes generaciones. Los tres se sientan en una mesa ubicada en la sede central que Caja Rural de Aragón tiene en la zaragozana calle del Coso con un monedero lleno de pesetas: las hay de uno, de dos, de cinco, de 10, de 25 (las del agujero), de 50 y de 100 (estas en dos tamaños diferentes). Las miran, hablan de ellas y las vuelven (o empiezan) a utilizar para hacer algunos cálculos.

Cuando Pepe Guil, de 89 años, abre el monedero que guarda pesetas de distintas cantidades, no esconde su emoción. Le vienen a la cabeza muchos recuerdos y, aunque él tenía ya 69 años cuando se cambió al euro, su memoria le llevo al principio de su niñez. “Esto lo he conocido yo, aunque en casa no teníamos muchas”, recuerda Pepe, mientras cuenta que vivía en Almería junto a sus padres y sus hermanos y que, años después, marchó a Barcelona, donde consiguió un trabajo en el que le pagaban a tres pesetas la hora. Poco después, se fue a Zaragoza, donde encontró un empleo en unos grandes almacenes, y se instaló en Cuarte de Huerva, donde aún sigue viviendo junto a sus hijos y sus nietos.

En su caso, fueron casi siete décadas con la peseta como moneda de curso legal. Sin embargo, Pepe lo tiene claro: “Si me dan a elegir entre la peseta y el euro, me quedo con el euro”. Porque con esta moneda es con la que ha podido disfrutar de una vida más ‘holgada’ económicamente, según cuenta, y disfrutar de su jubilación. De hecho, no duda ni un segundo cuando se le pregunta por el precio de un cortado en euros: 1,20 euros, escribe en la pizarra. Porque es lo que a él le cuesta en el bar de Cuarte donde cada día se reúne con unos amigos para tomar un café por la mañana.

Utilizada hasta el 31 de diciembre de 2021

Fue el 1 de enero de 1999 cuando el Consejo de la Unión Europea acordó que 11 países, entre los que estaba España, “reunían las condiciones necesarias para la adopción de la moneda única”, el euro, según concretaba el Boletín Oficial del Estado (BOE). “El euro sucede sin solución de continuidad y de modo íntegro a la peseta como moneda del sistema monetario nacional -añadía-. No obstante, la peseta podrá continuar siendo utilizada como unidad de cuenta del sistema monetario en todo instrumento jurídico, en cuanto subdivisión del euro, con arreglo al tipo de conversión hasta el 31 de diciembre de 2021”. Y el BOE añadía: “A partir de dicho momento, la utilización de la peseta como unidad de cuenta no gozará de la protección del sistema monetario”.

Fanny Marín representa a otra generación. Tiene 41 años y ha vivido media vida con la peseta y la otra media con el euro. Al abrir el monedero, en sus ojos se refleja la emoción de los recuerdos que le invaden. Toca las diferentes monedas y las separa. Enseguida habla de los 20 duros (o 100 pesetas) que le daban de propina cuando era una cría y con los que compraba gominolas los domingos o las 500 pesetas en moneda (“aunque de estos no hay en este monedero”, dice) con las que era capaz de salir un sábado y hasta pagar el taxi de vuelta a casa.

Recuerda que el cambio de moneda le tocó trabajando en una panadería y que cobraban en pesetas, pero tenían que devolver los cambios en euros. “Estábamos todo el rato con la calculadora”, cuenta. Quizás por eso, ella aún tiene tan presente la equivalencia: un euro son 166 pesetas y 6 euros eran mil pesetas. Fanny asegura que cuando piensa en precios altos, ella sigue teniendo como referencia la peseta y, de hecho, en la pizarra demuestra que sigue teniendo mucha facilidad para calcular en ambas monedas. Fanny asegura que, si pudiera elegir, se quedaría con la peseta. “Cundía más el dinero, todo era más barato. Desde que se implantó el euro, todos los precios se redondearon al alza”, cuenta.

La peseta tuvo curso legal en España desde 1868 hasta 2002, aunque fue a partir del 1 de enero de 1999 cuando comenzó a introducirse en el país. Paula Varela, la adolescente de 13 años que representa a la tercera generación en este encuentro, ni siquiera había nacido cuando se implantó el euro. “Había visto fotos y sé lo que me han contado mis padres de la peseta, pero nunca las había tenido en la mano”, dice al abrir el mismo monedero que han tenido Pepe y Fanny. “Me sorprende lo grandes que son algunas y no entiendo por qué tienen diferente tamaño si tienen el mismo valor”, cuenta cuando ve dos monedas de cien pesetas diferentes (la plateada y la dorada, esta última los tradicionales ‘20 duros’).

Paula tiene clara la equivalencia y asegura que en el colegio antes y en el instituto al que va ahora, ha estudiado acerca de la peseta y cuándo entró en vigor. En su caso, escribe con soltura en la pizarra el precio que tienen en euros un refresco, una entrada de cine, un piso o un coche. Pero le cuesta más descifrar lo que valdrían esas mismas cosas en pesetas (para lo que siempre tira a la baja). En su primer encuentro con las antiguas monedas le llama la atención su forma y tamaño y se sonríe al hablar de su madre y pensar en las pesetas que llevaría de pequeña en el bolsillo y lo que podía comprar con ellas.