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Pablo Serrano, el escultor

El legado del artista aragonés puede visitarse en el IAACC Pablo Serrano de Zaragoza que celebra su 30 aniversario

Aragón Cultura /
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Pablo Serrano Aguilar (1908-1985), originario de Crivillén, una pequeña localidad turolense, dio sus primeros pasos como escultor cuando era tan solo un niño, utilizando trozos de carbón. Fue el comienzo de lo que más tarde se convertirían en obras dignas de los premios más prestigiosos. Tras estudiar en las Escuelas Profesionales Salesianas de Sarriá, en Barcelona, decidió trasladarse a América Latina, donde hizo de su afición su oficio y donde consiguió cierta fama tras recibir algún premio por sus obras.

Las obras de Serrano comienzan sometiéndose al academicismo, siguiendo las normas principalmente en la técnica pero tras volver a España y viajar por Europa en los años 50. El escultor se contagia de las vanguardias europeas y encamina su trabajo hacia la abstracción, utilizando nuevos materiales como el hierro. Sus obras sorprendieron por su forma de jugar con el espacio y el vacío, y se expusieron en ciudades como Milán, Paris o Nueva York.

El turolense se consagró como un escultor de renombre pero siempre tuvo muy presente sus orígenes en Aragón, donde dejó huella con obras como las esculturas del Ángel Custodio y San Valero, actualmente situadas en la puerta del Ayuntamiento de Zaragoza o como el relieve de la fachada de la Basílica del Pilar.

La década de los 80 confirmó su éxito al recibir galardones como la Medalla de Oro de Bellas Artes o el Premio Príncipe de Asturias de las Artes. Antes de su muerte, Pablo Serrano donó al Ayuntamiento de Zaragoza una gran parte de sus obras, ahora expuestas en el IAACC de la capital aragonesa.

Y así fue como el pequeño niño de Crivillén se convirtió en uno de los artistas españoles más importantes del siglo XX.

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Escuchar reportaje. Lucía Segura
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