El verdadero origen de las postales

Postales, escritas del puño y letra del remitente. Un formato analógico que todavía nos ilusiona recibir y que, en los últimos años vive su renacer. Pero, ni nacieron con ese propósito ni se enviaban desde lugares paradisíacos

ARAGÓN CULTURA /
Primera postal de la historia, enviada de Perg a Kirchdof, el 1 de octubre de 1869 (F. Museo de Berlín)
icono foto Primera postal de la historia, enviada de Perg a Kirchdof, el 1 de octubre de 1869 (F. Museo de Berlín)

Enero de 1869. En España se celebran las primeras elecciones con sufragio universal masculino, en Rusia nace Grigori Rasputin, y faltan apenas unos meses para que lo hagan Ghandi o Matisse. Per onos quedamos en Viena, la capital del recién estrenado Imperio Astrohúngaro, en el que, por aquel entonces, se enviaban unas 33 millones de cartas al año.

A través de las ventanas de la Universidad Técnica de Viena, nos colamos en la clase de economía de Emanuel Hermann. Ha estudiado derecho, pero hace años que se dedica a la docencia, al mismo tiempo que publica varios libros y artículos relacionados con su especialidad.

Está a punto de entregar al diario local un escrito en el que propone un nuevo modo de correspondencia postal, con el objetivo de reducir costes. La idea consiste en enviar tarjetas por correo, sin sobre. En un lado se escribe la dirección y en el otro el mensaje.

Todo un ahorro de dinero y tiempo, al no tener que buscar ni pagar papel, sobre, ni sello, que ya incluía esta tarjeta. Una técnica que también revolucionaría la manera de escribir cartas y las fórmulas de cortesía imperantes en la época, que no estaban al alcance de personas con una educación básica. En las postales, no había espacio para formalismos

La idea gustó al Ministerio y, solo unos meses después, el 1 de octubre de ese mismo año, se envió la que se considera la primera postal de la historia. Salió de la localidad austríaca de Perg, en dirección a la de Kirchdof. Contenía un mensaje breve y de carácter personal, que tardó solo 24 horas en llegar.

En los tres últimos meses de 1869, se enviaron en el imperio astrohúngaro tres millones de postales, que adquirieron un nuevo significado al estallar la guerra francoprusiana, en la que los soldados emplearon este sistema para enviar mensajes a sus hogares. Ese mismo año las postales se extendieron a Suiza, Reino Unido, Bélgica, Holanda, Dinamarca, Estados Unidos, Noruega, Suecia y Rusia. A España llegarían en 1873.

Pero, para ser justos, cuando hablamos del origen de las postales como las conocemos, también hay que mencionar a Heinrich Von Stephan, director general de correos del Imperio alemán en la segunda mitad del siglo XIX. Cuatro años antes del artículo de Hermann, Von Stephan presentó en la Conferencia Postal Astroalemana una idea muy similar a la que describiría el Hermann poco después.

Alegaba que las cartas tradicionales eran algo obsoleto y que era el momento de evolucionar hacia algo más eficaz y rápido a la hora de comunicarse por correo postal. Del mismo modo que habían desaparecido las tablillas de cera de la antigüedad o los rollos manuscritos de la Edad Media, las cartas tradicionales con sobre tenían una fecha de caducidad. Pero al Imperio alemán no le convenció la pérdida de privacidad que conllevaría este nuevo método epistolar.

La aparición de las imágenes e ilustraciones y una nueva forma de mirar

¿Y cuándo surgió la idea de que en su anverso apareciese una imagen? Esto se lo debemos a una serie de artistas y fotógrafos que, poco después de su popularidad en el mundo, vieron su potencial en este sentido. Y es que la época del surgimiento de las postales coincidió con las primeras décadas del turismo de masas y el formato epistolar enseguida encajó.

La primera postal de la Torre Eiffel se envió en 1889. Pero, sin duda, la edad de oro de las postales transcurrió entre los años 1890 y 1914, cuando grandes artistas como Kandinsky, comenzaron a ilustrar las tarjetas postales.

La tecnología está relegando a la nostalgia la costumbre de intercambiar postales durante los viajes. Sin embargo, en el pasado fue una moda que resultó indispensable como testimonio de la transformación de paisajes, ciudades o costumbres. Nació así una nueva forma de mirar, que más tarde compartirían el fotógrafo y espectador contemporáneos.

La particularidad de las postales navideñas

Dentro de las postales, el género navideño tiene su propio origen en la Inglaterra victoriana. La tradición de enviar tarjetas ilustradas para felicitar la Navidad nació en las escuelas de Gran Bretaña. Los profesores pedían a sus estudiantes que redactaran pequeñas notas relacionadas con esta festividad para que las enviaran a sus casas pocos días antes de que empezasen las vacaciones.

Una idea que se apropió el inventor Sir Henry Cole, que encargó al artista John Calcott el diseño de una litografía que evocase la época navideña. Imprimió más de 1000 tarjetas para vender en serie. El momento álgido llegó en 1893, cuando la reina Victoria encargó más de 1.000 tarjetas, lo que consolidó esta tradición que todavía continúa en nuestros días.

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