Cien años del Festival de Salzburgo

Se celebra desde 1920 en la ciudad que vio nacer a Mozart y surgió como mensaje de paz y fusión de culturas a través de la música, la ópera y el teatro

ARAGÓN CULTURA /
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Salzburgo, 1920. Una ciudad sumida en la destrucción que deja la I Guerra Mundial. Una ciudad con una gran tradición musical y operística, ya que desde la Edad Media se representaban los llamados “misterios medievales”, unas festividades eclesiásticas que incluían música, procesiones e involucraban a todos los habitantes de la zona. Reunidos en un café se encuentran el poeta y dramaturgo Hugo Von Hofmannsthal, el compositor más famoso de la época: Richard Strauss, el director teatral Max Reinhardt, el diseñador escénico Alfred Roller y el director de orquesta Franz Schalk.

Están debatiendo la posibilidad de crear un festival de música inspirado en el de Bayreuth en Baviera, en marcha desde 1876 y que homenajea las obras del compositor alemán Richard Wagner. La idea es hacer algo parecido en Salzburgo, alejada de las grandes metrópolis culturales y que además resulta ser la ciudad natal de otro brillante compositor: Mozart.

Se trataba de una idea arriesgada, pero cualquier esfuerzo era poco para infundir algo de ánimo en los austríacos tras la guerra. La música, la ópera y los escenarios podían actuar como bálsamo. Aunque los salzburgueses no estaban demasiado convencidos. Temían que los turistas acabaran con las escasas reservas de alimentos de la época. Pero la caída del imperio astro-húngaro hizo que fuese necesario reactivar el turismo. En el manifiesto fundacional y ante la pregunta de en qué concentrarían la cita: en la ópera o el teatro, Von Hofmannsthal contestó que “en ambos, y en lo mejor de los dos”.

La primera edición del Festival

Y llegó el día. El primer festival de Salzburgo se inauguró el 22 de agosto de 1920, con la puesta en escena de Reinhardt de la obra teatral de Hofmannsthal: “Jederman”, frente a la fachada de la catedral. La obra trata sobre la muerte del hombre rico, representado por primera vez por Alexander Moissi. Conmovedora, pero sin afán de moralizar, sigue la estela de los misterios medievales o autos sacramentales que se celebraban en Salzburgo. Se basa en una antigua leyenda medieval inglesa, la pantomima llamada “Everyman” – cualquier hombre-.

En ella, Hofmanssthal relata como Dios decide que la muerte visite al rico Jodermann y le anuncie, en medio de un banquete en presencia de su amante y amigos, que le queda una hora de vida. Jedermann busca -sin resultado alguno, la compañía de alguien que le acompañe hasta su fatal destino. Se siente rechazado por su amante, por su amigo íntimo, por sus bufones, sus criados y hasta por su propio dinero. Solo una escuálida mujer que representa sus escasas buenas obras, acompañada de su hermana, la fé, guiará a un Jedermann pobre y solitario en su último viaje.

El encargado de dar vida a este texto que escribió von Hoffmanssthal fue Reindhart, que empleó los recursos acústicos y visuales que ofrecía la plaza de la Catedral. Su éxito fue enorme, de ahí que la obra se repita cada año y se haya convertido en el símbolo del festival. Como curiosidad, su representación solo se ha visto interrumpida en las ediciones comprendidas entre 1938 y 1945 por el pasado judío de Von Hofmaansthal.

La segunda edición del Festival y la época dorada

En la segunda edición del festival, en 1921, llegaron los conciertos de la mano de formaciones musicales locales. Pero Richard Strauss quiso ir más allá y llevar al evento a los mejores músicos de la época. Y así, el festival fue creciendo, edición a edición.

En 1926 se construyó el primer Festspielhaus, o Teatro de los Festivales, actualmente conocido como Haus für Mozart  en el lugar ocupado por los antiguos establos del Arzobispo de Salzburgo, a los pies del monte Mönchsberg. Para entonces, el festival había desarrollado un amplio programa anual, basado en representaciones teatrales y en las óperas de Mozart, aunque comienzan a cobrar también protagonismo las composiciones contemporáneas y las retransmisiones en directo a través de la Radio Austriaca.

A partir de entonces comenzó una época dorada, en la que grandes directores de orquesta, como Arturo Toscanini, Clemens Krauss o Bruno Walter dirigieron muchas representaciones. La Filarmónica de Viena comenzó su colaboración con el Festival, convirtiéndose en orquesta residente para conciertos sinfónicos y representaciones operísticas. En 1927 comienza la tradición, que continúa en la actualidad, de interpretar anualmente la Gran misa en do menor de Mozart en la iglesia de la Abadía Benedictina de San Pedro.

Declive y renacer de Salzburgo

Con la anexión de Austria a la Alemania nazi en 1938, el Festival sufrió un importante golpe. Toscanini renunció a dirigir en el festival, como protesta. Gran cantidad de artistas tuvieron que exiliarse y se suspendieron las representaciones de Jedermann por los motivos relatados anteriormente. Incluso se reformó la escenografía del festival para adaptarlo al gusto estético nazi.

En los cien años de historia del festival, se han puesto en escena más de 320 producciones de 150 títulos de óperas diferentes y de casi 80 compositores distintos. Hoy es uno de los festivales de música y teatro más importantes y concurridos del mundo. Se celebra cada verano, en los meses de julio y agosto, pero desde 1973 también hay una extensión del mismo en Pentecostés, dedicado a la música clásica y barroca, así como su versión de Pascua y de Verano.

En cuanto a los directores de orquesta responsables de las producciones de ópera del Festival, destacan con diferencia Karl Böhm y Herbert von Karajan, nacido precisamente en Salzburgo y que llegó a ser el máximo responsable de la cita hasta su retirada por problemas de salud en 1988.

La celebración del centenario, a pesar de la pandemia

El festival se ha dejado de celebrar solamente dos ediciones en su historia, en 1924 por falta de presupuesto y en 1944 por orden del ministro Goebbles, como consecuencia del fallido atentado contra Hitler el 20 de julio de aquel año. Ni siquiera la guerra, y parece que tampoco la pandemia, será causa de interrupción.

'Paz en la tierra, Opus 13' de Schonberg fue la encargada de abrir la edición centenaria del festival el pasado 19 de julio. Una edición marcada por la situación actual de pandemia, con las mascarillas entrando en escena, la distancia de seguridad, la reducción de aforo y menos espectáculos. La reducción del programa ha supuesto un fuerte trastorno económico para el festival. El presupuesto ha pasado de 68,8 millones a 41,6. Hubo que reembolsar unas 180.000 entradas, el 78 % del total, que ya se habían vendido antes de la pandemia lo trastocase todo.

El cartel, contempla este año la presencia del tenor peruano Juan Diego Flórez, la soprano rusa Anna Netrebko o la mezzosoprano italiana Cecilia Bartoli. Directores como Ricardo Muti y Gustavo Dudamel y orquestas como las Filarmónicas de Viena y Berlín y la West Eastern Divan Orchestra de Daniel Barenboim.

Los artistas y el resto del personal se someten a controles y pruebas para registrar su estado de salud y cumplir estrictas normas de higiene y comportamiento. Un minucioso plan de seguridad que, si funciona, será un ejemplo de cómo pueden funcionar festivales y teatros a partir de ahora.

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